5/7/10

sentir


Parece que en castellano se han jodido todas las palabras para hablar de ternura y sentimientos… pues sentimentales.

Lo que conozco hasta ahora son:

Querer. Querer es una gilipollez – tú puedes querer un helado, un vestido o a una novieta. Y lo normal es quererla toda para ti. Implica querer a ver, querer sentir, querer tener...
Además, querer no implica nada más que un deseo, y, aunque en mi cultura se dicen que querer no está mal, lo malo es obtener sin haber querido, no me convence para nada – parece que querer es algo que una hace sola en la privacidad de su cuarto, no exige interacción.

Amar. No sé como ha ocurrido esto pero amar va de mano con el concepto de amo, así que ahí nos quedamos, unas siendo amas de otros, unos de otras, etc. en el gran mercado del mito del amor donde relaciones asimétricas del poder es el paradigma. No mola. Deprime.
+ amar supuestamente implica un sentimiento tan grande que te hace donar al otro tus riñones sin que los haya pedido junto con la contraseña de tu cuenta de facebook y las joyas de tu abuela. Como he dicho, sugiere jerarquía y una entrega total.

Desear. Todavía más efímero que querer. El mundo de las fantasías y sueños húmedos. El momento de antes. El momento de tener una cita y no tener ni idea donde y como se va acabar. Me parece sano y perfecto siempre y cuando no implique quedarse con ganas directamente y sin más. Sin embargo, no es la palabra que estoy buscando.

Sentir ternura. Ternura es pasado. Ternura es cuando te tomas un cafecito y recuerdas a algún viejo amor, sonríes y sigues con tu vida.

Gustar. En la manera de Manu Chao, claro, me gusta marihuana, me gustas tú.

Encantar. Un momento brillante. Sin más.

Cariño. Cariño es el carpe diem, cariño es el aquí y ahora cuya búsqueda aconsejan las psicoterapeutas. Cariño es lo que hay. La chispa. El calor. Una caricia. Un beso que dura toda la noche. Sin historias del pasado y sin derecho a expectaciones para el futuro. Pero ¿esto es lo único que hay?

¿Y enamorarse? Enamorarse es cuando te parece completamente normal dar un beso sin haber cepillado los dientes. Sí, uno de aquellos besos justamente después de haber despertado. Exactamente porque lo que quieres comer no es la ilusión de frescor que te puede dar un bocado de Colgate.